EL RITMO DE LA NBA EN EL TIEMPO

Un análisis detallado e histórico de una de las estadísticas más relevantes a la hora de entender el estilo de juego actual en la competencia.

El deporte y la tecnología han evolucionado de tal manera que cada aspecto del juego se puede analizar minuciosamente a través de las estadísticas. Lejos quedaron las planillas para marcar los puntos, rebotes y asistencias de un jugador o equipo. La analítica actual le ha abierto las puertas a la medición del impacto de una estrella en cancha, el porcentaje real de acierto en tiros de campo y hasta la estimación de la cantidad de victorias que genera un jugador para su equipo. Un apartado puede explicar el juego mejor que cualquier otro: el ritmo o pace.

¿Qué es esto y qué significa? Primero, hay que saber que refiere a la cantidad de posesiones que utiliza un equipo durante los 48 minutos de un partido. Es esencial para entender cuán eficientes son las defensas y los ataques, ya que todas las estadísticas avanzadas que miden estos aspectos se basan en él. Históricamente, la filosofía de juego de la NBA ha hecho que su ritmo sea de los más altos en relación a los demás torneos del mundo. Pero, a lo largo de las diferentes épocas por las que transcurrió la liga, la cifra ha bajado o subido de acuerdo a diferentes motivos.

Tal vez, el más importante de todos está estrictamente relacionado a uno de los principales comportamientos de la NBA: la replicación. Un equipo tiene éxito y los otros intentan copiar sus métodos. Entre la temporada 1973/74 (primera en la que se midió concretamente esta estadística) y la 1986/87, el ritmo promedio de la liga superó siempre las cien posesiones. Se puede explicar a través del éxito de equipos como los Golden State Warriors de Rick Barry en la segunda mitad de la década del setenta y del dominio de filosofías como el Showtime de Los Angeles Lakers en los ochenta. Se plasma en estadísticas: desde 1976, el 56% de las veces que un equipo con un ritmo superior al promedio ganó el campeonato provocó que el ritmo total de la liga aumentara en la siguiente temporada. Sin embargo, esa predilección por el ataque y las posesiones cortas era algo que abarcaba a casi la totalidad de la NBA durante la época.

Pero, a partir de la campaña 1987/88, el ritmo de juego comenzó a bajar progresivamente. Y gran parte de ese descenso se debe a la aparición de los Bad Boys de Detroit. A finales de la década e inicios de los noventa, los Pistons lograron establecerse como uno de los equipos más duros a través de su férrea defensa y la ralentización del juego. Su éxito (lograron dos campeonatos consecutivos en 1989 y 1990 y alcanzaron cuatro Finales de Conferencia entre 1987 y 1991) hizo que los demás equipos comenzaran a replicar su estilo, por lo que el pace promedio bajó considerablemente.

Caracterizados por su paciencia ofensiva bajo las directrices del “Triángulo Ofensivo” ideado por Tex Winter, aquellos Chicago Bulls de Michael Jordan que lograron dos Three-peats jamás superaron las 96 posesiones por 48 minutos. San Antonio Spurs siguió apuntalando la idea de que un ritmo bajo era sinónimo de éxito al quedarse con el campeonato de 1999, luego de promediar un pace menor a las 90 posesiones. Esa temporada, la del lockout, es hasta el momento el punto más bajo desde que el ritmo es una estadística oficial: 88,9.

Shaquille O’Neal, Kobe Bryant y los Lakers del triplete fueron apenas un pequeño empujón para este apartado en los inicios del milenio: estuvieron por encima de la media en los tres campeonatos obtenidos, pero nunca escalaron hasta las 95 posesiones. En 2004, Detroit se transformó en el campeón con el pace más bajo (88,7) en la historia de la NBA.

Dos décadas de desaceleración hicieron que el juego se volviera tedioso y poco atractivo para el público, por lo que la NBA decidió que era hora de tomar cartas en el asunto. Comenzó a ponderar la velocidad y la agilidad por encima de la fuerza y lo demostró a través del otro gran aspecto que determina el ritmo: la implementación de reglas que favorecen al ataque. Así, la liga restringió la utilización de las manos por parte de los defensores para obstaculizar a sus atacantes y limitó el “hand checking” a las acciones de poste bajo. Esto provocó dos cosas que ayudaron a la posterior explosión del ritmo: más espacio y posibilidades de sobreponerse para el ataque y una mayor cantidad de faltas cobradas que, inevitablemente, desembocan en una mayor cantidad de tiros libres y de cambios de posesión. Otra decisión que impactó en la velocidad del juego fue la de penalizar los tres segundos defensivos a partir de 2001. La utilización de los pívots en el poste bajo se había vuelto rutinaria y, con esta regla, los equipos se vieron obligados a expandir sus ofensivas. Mover el balón con mayor rapidez. Generar espacios. En definitiva, acelerar el ritmo.

Con el pace en alza y los internos castigados por las reglas, la función del creador de juego volvió a ser vital. La aparición de los Phoenix Suns de Mike D’Antoni reinstauró un estilo frenético, que no sólo optaba por no agotar las posesiones sino que intentaba cerrarlas en los primeros segundos. Steve Nash, un base perfecto para el caso, se erigió como la cara de la revolución que elevó el ritmo exponencialmente. Aquellos Suns del «Run and Gun» lideraron a la NBA en la estadística durante 2005 y 2006, años en los que Nash fue MVP.

Mientras el estilo y las reglas cambiaban, también lo hacía la importancia del triple. Y su utilización resultó ser trascendental para acelerar la velocidad del juego. Ante zonas pobladas, el tiro exterior se convirtió en el arma perfecta para desanudar los ataques. Intentar neutralizar ese tipo de lanzamientos supone expandir las defensas. Mayor expansión significa más espacios. Con más espacios, crece la facilidad para anotar y, por ende, las posesiones tienden a aumentar. Cuando los tiros se alejan de la línea de tres, las posibilidades se amplían aún más. Es por eso que la aparición de jugadores como Steph Curry o Dame Lillard, capaces de anotar desde una distancia superior a los nueve metros y en los inicios de una posesión, ha multiplicado la velocidad con la que disputa un partido.

Fiel a su estilo replicante, la NBA encontró en los Golden State Warriors de Steve Kerr un molde perfecto. Magic Johnson y los Lakers fueron campeones e impusieron un juego basado en el contraataque y en correr la cancha, pero nunca lideraron la liga en pace. Los Suns de Nash sí lo hicieron, pero el éxito los acompañó hasta las Finales de Conferencia. Con Curry como director de orquesta, Kerr pudo explotar las cualidades de un equipo que ostentó el mejor ritmo de la temporada 2014/15 y obtuvo el primer campeonato en cuarenta años. Versatilidad, coherencia y precisión en velocidad, referencias que las demás franquicias tomaron para dibujar sobre la huella del campeón.

Con mayor o menor suceso, los resultados demuestran que eso ha ocurrido: durante la temporada 2018/19 los Warriors jugaron a más posesiones que en 2015, pero sólo les alcanzó para cerrar la lista de los diez equipos con mayor ritmo. En la NBA actual no se puede pestañear.